Primera clase: crisis de las democracias liberales

Mi primera clase tuvo lugar el día 13 de febrero, jueves, último día de la semana en que el grupo al que imparto clase tiene Historia. Señalo este hecho ya que lo creí importante en su momento a la hora de diseñar las clases. Di por hecho que probablemente con tres días de por medio, los alumnos y alumnas no recordarían bien aquella primera clase. 
Es por este motivo que decidí plantear esta primera clase como una toma de contacto y una evaluación previa de los conocimientos acerca del tema. Además, esto me ayudaría un poco a templar mis nervios que no eran pocos. Pero en seguida me di cuenta de que me encontraba ante una clase excepcional: chicos y chicas muy atentos y participativos, aunque con intereses que distan mucho de la Historia.
En un primer momento les expliqué cuál iba a ser el esquema general de las clases, qué íbamos a estudiar y en cuánto tiempo. Para a continuación proceder a mostrarles una serie de imágenes para que ellos me explicaran que sabían de ellas: una esvástica, un retrato de Mussolini, etc. En seguida entendí que se trata de un tema bastante desconocido para ellos pero que puede llegar a interesarles. 
La clase cuenta con un proyector que, afortunadamente, funciona todos los días sin problemas, suerte que mis compañeros no han compartido durante varios días. Contando con esto en mi favor, he intentado recurrir a estímulos visuales constantes: presentaciones, vídeos, etc. Esto lo hice desde el primer día, que les preparé una presentación de diapositivas para explicar el primer punto del tema: la crisis de las democracias liberales en el período de Entreguerras y el ascenso de los fascismos.
Pese a todos mis miedos y nervios, la clase funcionó bastante bien, mantuvieron bien la atención y no pareció desagradarles las diferencias entre la forma de explicar de mi tutor y la mía, tan distintas.